Entrar en una página, pulsar «rechazar», visitar otra y volver a responder prácticamente a la misma pregunta podría dejar de formar parte de la navegación diaria por Internet. Una coalición de 19 organizaciones, empresas y entidades académicas europeas ha pedido a la Unión Europea que permita configurar las preferencias de privacidad una vez y obligue a las páginas y aplicaciones a respetarlas automáticamente.
Las claves del posible fin de los banners de cookies en 30 segundos
- La campaña Kill the Cookie Banner reúne a 19 organizaciones, empresas y entidades académicas.
- Propone elegir las preferencias de privacidad una vez en el dispositivo, en lugar de hacerlo web por web.
- Las páginas tendrían que respetar las señales automáticas cuando fueran legalmente válidas.
- La propuesta forma parte del artículo 88b del Ómnibus Digital.
- La reforma sigue negociándose, por lo que los banners no tienen todavía fecha de desaparición.
La iniciativa se denomina Kill the Cookie Banner y entre sus participantes figuran organizaciones de derechos digitales y consumidores como noyb, Electronic Frontier Foundation (EFF), BEUC y la española CECU.
La coalición remitió el 10 de septiembre una carta al Parlamento Europeo, al Consejo y a la Comisión para defender el artículo 88b del Ómnibus Digital. Es la disposición que podría dar cobertura legal a las señales automáticas utilizadas para comunicar las decisiones de privacidad de los ciudadanos.
La propuesta no consiste en eliminar los avisos para permitir que las páginas instalen libremente cualquier cookie. El planteamiento es prácticamente el contrario: que sea el usuario quien decida previamente qué acepta y qué rechaza y que esa decisión acompañe automáticamente su navegación.
Elegir una vez en lugar de rechazar cookies todos los días
El modelo actual obliga a repetir constantemente decisiones similares.
Una persona entra en un periódico y configura las cookies. Después visita una tienda, una red social o cualquier otra página y aparece un nuevo aviso. Al día siguiente puede encontrarse más ventanas de consentimiento en otros servicios.
Kill the Cookie Banner propone trasladar parte de esa gestión al dispositivo.
El usuario podría configurar sus preferencias y el navegador, sistema operativo o aplicación se encargaría de comunicarlas a las páginas que visite.
Si la persona ya ha indicado que rechaza un determinado tratamiento de sus datos, la web recibiría esa información y tendría que respetarla cuando la señal tuviera validez jurídica.
La propuesta contempla además algo más sofisticado que un botón general para aceptar o rechazar todo.
Los firmantes quieren que sea posible establecer preferencias diferentes según la empresa y la finalidad. Una persona podría permitir determinados usos de sus datos a un servicio de confianza y rechazarlos para otras plataformas.
La carta pone como ejemplo la posibilidad de enviar una señal distinta a un periódico local que a una gran plataforma internacional que utilice datos con otras finalidades.
| Ahora | Lo que propone la coalición |
|---|---|
| Cada web pregunta por las cookies | El dispositivo comunica la preferencia |
| El usuario responde repetidamente | La elección puede mantenerse |
| Cada servicio tiene su propio aviso | Existiría un estándar común |
| Rechazar puede requerir varios pasos | La negativa podría enviarse automáticamente |
| La web vuelve a solicitar consentimiento | La decisión seguiría vigente hasta cambiarla |
El objetivo sería reducir considerablemente los avisos sin eliminar el derecho de los ciudadanos a decidir.
Rechazar tendría que significar que la página deje de preguntar
La persistencia de las decisiones es una de las principales reivindicaciones de la campaña.
Los firmantes quieren que cuando una persona comunique automáticamente su rechazo, retire un consentimiento anterior o se oponga a un tratamiento, esa decisión permanezca activa hasta que ella misma la cambie.
Una página no debería poder volver a preguntar continuamente lo mismo con la esperanza de conseguir finalmente un «aceptar».
La coalición también quiere impedir que la negativa se esquive cambiando el diseño del aviso, utilizando otra terminología o introduciendo nuevos pasos que conduzcan nuevamente al usuario hacia el consentimiento.
Es una respuesta a la conocida como fatiga del consentimiento.
La cantidad de avisos ha convertido una herramienta destinada a permitir decisiones informadas en una rutina que muchas personas resuelven rápidamente para poder acceder al contenido.
Además, no todos los banners ofrecen las opciones de la misma manera. En algunos casos aceptar resulta inmediato mientras rechazar exige abrir menús adicionales.
Un sistema automático podría reducir esa repetición, aunque no necesariamente acabaría con cualquier solicitud de consentimiento. Si una página necesita una autorización específica que no esté contemplada por las preferencias previamente configuradas, todavía podría tener que preguntarla.
La idea ya tiene precedentes fuera de Europa
La tecnología necesaria para comunicar estas decisiones no parte de cero.
Una de las referencias es Global Privacy Control (GPC), que permite transmitir automáticamente determinadas preferencias de privacidad desde el navegador.
Este tipo de señales ya cuenta con reconocimiento jurídico en algunas jurisdicciones de Estados Unidos.
La carta menciona también Advanced Data Protection Control (ADPC), un proyecto desarrollado con participación de la Universidad de Economía y Empresa de Viena y organizaciones de la sociedad civil, entre ellas noyb.
La diferencia es que la propuesta europea pretende desarrollar un estándar capaz de gestionar decisiones más completas.
No se limitaría necesariamente a decir «no quiero seguimiento». También podría comunicar consentimiento para determinadas finalidades, rechazarlo, retirarlo posteriormente o expresar una oposición.
La coalición considera que la legislación europea debe establecer claramente qué significa jurídicamente cada decisión. Después correspondería a los organismos de normalización resolver cómo se transmite de manera compatible entre diferentes navegadores, dispositivos y servicios.
Los navegadores tendrían mucho más poder
El cambio también plantea un problema que la propia campaña reconoce.
Si Chrome, Safari, Edge, Firefox y los sistemas operativos empiezan a gestionar las preferencias de privacidad, quienes controlan esas plataformas adquieren una posición especialmente importante.
Los firmantes quieren evitar que las grandes compañías tecnológicas puedan utilizar el nuevo sistema para favorecer sus propios intereses.
La carta menciona expresamente el riesgo de que empresas dominantes administren las señales de manera que refuercen su posición en el mercado y utiliza a Google como ejemplo en relación con los navegadores.
Por ello reclaman que navegadores, sistemas operativos, aplicaciones y herramientas independientes puedan transmitir las preferencias sin interferencias ni mecanismos adicionales de seguimiento.
La cuestión es especialmente relevante porque una configuración predeterminada utilizada por cientos de millones de personas podría tener consecuencias importantes para el mercado de la publicidad digital.
Los banners de cookies no van a desaparecer mañana
La iniciativa se encuentra todavía en el terreno legislativo.
El artículo 88b forma parte del Ómnibus Digital europeo y continúa sometido a negociación entre las instituciones y los Estados miembros.
La carta de Kill the Cookie Banner refleja precisamente las dificultades que atraviesa la propuesta. Sus firmantes piden que el artículo vuelva a incorporarse al texto de compromiso del Consejo y reclaman a los eurodiputados que mantengan y refuercen el sistema durante la negociación parlamentaria.
Por tanto, la Unión Europea no ha aprobado la eliminación de los banners de cookies y tampoco existe una fecha para que desaparezcan.
Incluso en caso de aprobarse el mecanismo todavía quedaría trabajo por delante. Habría que definir el estándar europeo, determinar exactamente qué efectos legales tiene cada señal y adaptar navegadores, sistemas operativos, aplicaciones y millones de páginas web.
También habría que resolver cómo se gestionan los casos donde el usuario quiera establecer excepciones o donde sea necesario solicitar un consentimiento que no pueda deducirse de sus preferencias generales.
Lo que sí plantea la propuesta es un cambio bastante fácil de percibir para cualquier ciudadano.
Durante años Internet ha trasladado al usuario la tarea de contestar página por página qué quiere hacer con sus datos. Kill the Cookie Banner propone invertir esa relación: que la persona comunique su decisión una vez y sean las páginas las que tengan que aprender a escucharla.
Fuente: Redes Sociales
