China ha dado un nuevo paso en su carrera espacial con el aterrizaje de la primera etapa del Zhuque-3 (ZQ-3), desarrollado por la empresa privada LandSpace. El éxito llega después del intento fallido de diciembre de 2025 y acerca a la industria espacial china a un terreno en el que SpaceX acumula una amplia ventaja: recuperar cohetes para utilizarlos en nuevas misiones.
Las claves de los cohetes reutilizables en 20 segundos
- LandSpace ha conseguido recuperar la primera etapa del Zhuque-3 mediante un aterrizaje vertical.
- Es el primer éxito de este tipo para una empresa espacial privada china.
- China también ha probado la recuperación del estatal Long March-10B, aunque mediante un sistema de captura diferente.
- SpaceX y Blue Origin ya han demostrado la reutilización de vehículos recuperados.
- El siguiente reto de LandSpace será conseguir que el propulsor vuelva a despegar.
El aterrizaje es espectacular, pero solo representa una parte del desafío. Para que la reutilización transforme realmente el coste de llegar al espacio, el mismo vehículo debe poder volar varias veces sin necesitar reparaciones tan complejas que anulen el ahorro conseguido al no fabricar una nueva etapa.
Ahí reside la diferencia entre los programas que están comenzando a demostrar esta tecnología y compañías que llevan años trabajando con ella.
De tirar los cohetes a intentar utilizarlos varias veces
Durante buena parte de la historia espacial los cohetes se han tratado como vehículos de un solo uso. Después de cumplir su misión, sus etapas terminaban destruidas en la atmósfera o cayendo al océano.

Era una consecuencia asumida de viajar al espacio.
El problema económico resulta fácil de entender. Un lanzador contiene motores, depósitos, electrónica y estructuras que requieren años de desarrollo y una fabricación extremadamente especializada. Perder buena parte de ese vehículo en cada misión obliga a producir nuevos componentes para el siguiente lanzamiento.
La reutilización pretende cambiar esa lógica.
El mejor ejemplo es el Falcon 9 de SpaceX. Su primera etapa puede regresar después del lanzamiento, encender nuevamente sus motores y aterrizar verticalmente, bien en tierra o sobre una plataforma marítima.
Lo verdaderamente importante ocurrió después: SpaceX consiguió volver a lanzar esas etapas.
La compañía ha llevado algunos propulsores a decenas de vuelos, convirtiendo una maniobra que hace diez años parecía extraordinaria en una parte habitual de sus operaciones.
LandSpace está comenzando ahora ese recorrido.
El Zhuque-3 necesitó dos intentos
El nuevo cohete chino está diseñado desde su origen pensando en la recuperación.
El Zhuque-3 utiliza metano líquido y oxígeno líquido como propelentes y cuenta con una estructura de acero inoxidable. Su primera etapa incorpora nueve motores de la familia TQ-12 y puede regresar mediante sus propios motores antes de desplegar las patas de aterrizaje.
LandSpace ya intentó hacerlo durante el primer vuelo del cohete, el 03/12/2025.
La misión permitió probar buena parte del sistema, pero una anomalía durante la fase final impidió completar el aterrizaje. La primera etapa terminó accidentada.
En agosto de 2026 el resultado ha sido diferente. El propulsor ha conseguido regresar de manera controlada y aterrizar verticalmente.
Para la compañía supone superar una barrera técnica importante. También permite disponer por primera vez de una etapa recuperada que puede ser examinada después de haber soportado un lanzamiento y un regreso desde gran altitud.
LandSpace plantea que una primera etapa del Zhuque-3 pueda utilizarse hasta 20 veces. Por ahora esa cifra es un objetivo del programa, no una capacidad demostrada.
La prueba decisiva llegará cuando intente utilizar nuevamente el propulsor que acaba de recuperar.
SpaceX, Blue Origin y las nuevas alternativas chinas
LandSpace no es la única compañía que persigue esta idea. Tampoco todos los proyectos utilizan la misma tecnología.
| Compañía | Cohete | Método de recuperación | Estado de la reutilización |
|---|---|---|---|
| SpaceX | Falcon 9 | Aterrizaje vertical | Reutilización habitual |
| Blue Origin | New Shepard | Aterrizaje vertical | Reutilización demostrada |
| Blue Origin | New Glenn | Plataforma marítima | Reutilización orbital demostrada |
| LandSpace | Zhuque-3 | Aterrizaje vertical | Primera recuperación conseguida |
| CALT/CASC | Long March-10B | Captura mediante sistema marítimo | Recuperación demostrada |
| Rocket Lab | Electron / Neutron | Diferentes sistemas | Desarrollo de reutilización |
La comparación necesita algunos matices. New Shepard, por ejemplo, es un vehículo suborbital y por tanto no realiza el mismo tipo de misión que Falcon 9. Electron tampoco fue concebido originalmente para aterrizar verticalmente y Rocket Lab ha experimentado con la recuperación de su primera etapa mientras desarrolla Neutron con la reutilización incorporada desde el diseño.
También existen grandes diferencias de tamaño, capacidad y objetivos.
Lo que tienen en común estos programas es la búsqueda de una respuesta a la misma pregunta: ¿cuánto hardware puede recuperarse después de llevar una carga hacia el espacio?
China está experimentando con dos formas de traer sus cohetes de vuelta
El caso chino resulta especialmente interesante porque sus primeros avances importantes están siguiendo caminos distintos.
LandSpace ha optado con Zhuque-3 por un aterrizaje vertical reconocible para cualquiera que haya visto regresar un Falcon 9.
El programa espacial estatal chino está experimentando con otra solución.
El Long March-10B, desarrollado por la China Academy of Launch Vehicle Technology (CALT), consiguió en julio de 2026 recuperar su primera etapa utilizando un sistema instalado sobre una plataforma marítima.
En lugar de desplegar patas y aterrizar sobre una superficie, el vehículo descendió hasta ser capturado mediante una estructura preparada para detenerlo.
La idea responde a uno de los grandes problemas de cualquier cohete: cada kilogramo cuenta.
Las patas de aterrizaje, mecanismos y refuerzos necesarios para soportarlas también tienen que despegar. Si parte del sistema de recuperación puede trasladarse desde el cohete hacia la infraestructura situada en tierra o en el mar, es posible reducir el peso transportado.
SpaceX está explorando una filosofía parecida, aunque mediante una solución diferente, con Super Heavy, el gigantesco propulsor de Starship. En este caso son los brazos mecánicos de la propia torre los encargados de capturarlo.
Aterrizar es difícil, volver a despegar lo es todavía más
La imagen de un cohete aterrizando puede hacer pensar que el trabajo ha terminado. Desde el punto de vista industrial ocurre casi lo contrario.
Después comienza una fase menos espectacular pero esencial.
Los ingenieros tienen que estudiar cómo han soportado los motores el vuelo, comprobar depósitos y estructuras, revisar componentes sometidos a altas temperaturas y determinar qué piezas pueden conservarse y cuáles necesitan mantenimiento o sustitución.
La cuestión económica depende precisamente de ese proceso.
Si después de cada aterrizaje es necesario desmontar buena parte del vehículo y dedicar meses a reconstruirlo, la ventaja frente a fabricar una etapa nueva disminuye. Si la inspección es rápida y el propulsor puede regresar pronto a la plataforma, la reutilización empieza a mostrar todo su potencial.
Por eso SpaceX mantiene una posición difícil de alcanzar. Su ventaja no consiste únicamente en haber aprendido a aterrizar Falcon 9, sino en haber acumulado años de experiencia volviendo a utilizar las mismas primeras etapas.
LandSpace pretende dar ahora ese paso con Zhuque-3.
Por qué China necesita cohetes que puedan volver
La carrera por la reutilización tampoco responde únicamente al deseo de competir tecnológicamente con Estados Unidos.
China tiene planes para desplegar grandes constelaciones de satélites en órbita terrestre baja. Eso exige fabricar satélites rápidamente, pero también disponer de suficientes cohetes para ponerlos en órbita.
Si cada lanzamiento necesita una primera etapa completamente nueva, aumentar la frecuencia requiere ampliar al mismo ritmo las fábricas y cadenas de suministro.
Un cohete reutilizable puede cambiar esa relación.
El mismo propulsor puede participar en diferentes misiones, siempre que los costes de mantenimiento y los tiempos entre vuelos sean suficientemente bajos. También puede aumentar la capacidad de lanzamiento disponible sin multiplicar en la misma proporción el número de vehículos fabricados.
El aterrizaje del Zhuque-3 muestra que China empieza a dominar una de las piezas necesarias para conseguirlo.
La siguiente prueba será menos vistosa pero mucho más reveladora. LandSpace tendrá que demostrar que el cohete que acaba de regresar no solamente ha sobrevivido al viaje, sino que está preparado para realizar otro.
Preguntas frecuentes
¿Qué ha conseguido LandSpace con el Zhuque-3?
LandSpace ha logrado recuperar mediante aterrizaje vertical la primera etapa del Zhuque-3 después de un lanzamiento. Su anterior intento, realizado en diciembre de 2025, terminó en accidente durante la recuperación.
¿China ya tiene cohetes reutilizables?
China ha demostrado la recuperación de primeras etapas mediante programas privados y estatales. Sin embargo, existe una diferencia entre recuperar un cohete y demostrar su reutilización repetida en operaciones comerciales.
¿Qué compañía lleva más ventaja en cohetes reutilizables?
SpaceX mantiene una clara ventaja en reutilización orbital gracias a Falcon 9, con primeras etapas que han realizado numerosos vuelos. Blue Origin también ha demostrado reutilización, primero con New Shepard y posteriormente dentro de su programa orbital New Glenn.
¿Por qué interesa reutilizar los cohetes?
Porque fabricar una nueva primera etapa para cada lanzamiento consume grandes cantidades de recursos. Si un propulsor puede volar varias veces con inspecciones y mantenimiento razonables, es posible repartir su coste entre diferentes misiones y aumentar la frecuencia de lanzamiento.