Vodafone y Telefónica han comenzado a comercializar eSIM de prepago que pueden activarse sin enviar una fotografía del documento de identidad ni superar un proceso de reconocimiento facial. La fórmula recupera, al menos en apariencia, aquellas tarjetas anónimas que podían comprarse en cualquier establecimiento antes de 2007, aunque existe una diferencia decisiva: estas nuevas líneas solo ofrecen conexión de datos y no incluyen un número para realizar llamadas o enviar SMS.
El cambio aprovecha una legislación redactada cuando la voz y los mensajes cortos eran el centro del negocio móvil, mientras el acceso a internet apenas empezaba a extenderse. Casi dos décadas después, una eSIM sin llamadas puede utilizar WhatsApp, Telegram, correo electrónico, redes sociales, videollamadas y prácticamente cualquier servicio digital. La norma sigue mirando al número telefónico mientras la vida cotidiana ya circula principalmente por los datos.
Las claves de las eSIM sin identificación en 20 segundos
- Vodafone permite contratar una modalidad DataOnly sin completar la verificación documental exigida en otras eSIM prepago.
- Telefónica ofrece eSIM de viaje centradas en datos móviles y recomienda utilizar aplicaciones de mensajería para comunicarse.
- Estas líneas no incluyen llamadas tradicionales ni SMS asociados a un número móvil convencional.
- La Ley 25/2007 obliga a registrar la identidad de quienes compran tarjetas prepago destinadas a servicios de telefonía móvil.
- La interpretación utilizada por las operadoras parece separar los servicios de telefonía de las conexiones exclusivamente de datos.
- “Sin verificación de identidad” no significa necesariamente “imposible de identificar”.
- El correo electrónico, el medio de pago, la dirección IP, el dispositivo y los registros de red pueden dejar rastros vinculables al comprador.
- El caso muestra hasta qué punto una norma de 2007 ha quedado desfasada frente al uso actual de internet móvil.
La Ley 25/2007 introdujo la obligación de que los operadores mantuvieran un libro-registro con el nombre, apellidos, nacionalidad y documento utilizado por quienes adquirían tarjetas prepago. Las líneas anteriores a su entrada en vigor tuvieron dos años para identificar a sus titulares; después de ese plazo debían ser desactivadas si seguían sin registrar.
La medida llegó después de que una tarjeta prepago de Amena ayudara a los investigadores de los atentados del 11 de marzo de 2004 a seguir el rastro de los teléfonos empleados por los terroristas. El contexto convirtió la identificación obligatoria en una cuestión de seguridad pública y cerró la etapa en la que era posible comprar una SIM activa sin aportar datos personales.
La legislación distingue entre los datos que los operadores deben conservar y el contenido de las comunicaciones, que queda expresamente fuera de esta obligación. Entre los registros figuran números de origen y destino, identificadores IMSI e IMEI, horarios, direcciones IP y localización aproximada de la antena utilizada. La cesión de esos datos para una investigación debe someterse a las condiciones y autorizaciones judiciales previstas en la ley.
El truco está en eliminar el número, no en hacer desaparecer al usuario
La novedad detectada en las ofertas de Vodafone y Telefónica consiste en retirar las funciones de telefonía tradicional. Según la información publicada por BandaAncha, Vodafone ofrece al usuario dos caminos al contratar determinadas eSIM prepago: verificar su identidad mediante documento y reconocimiento facial o elegir una variante DataOnly, activable con un correo electrónico y destinada exclusivamente al acceso a internet.
Telefónica aplica una lógica parecida en sus eSIM de viaje, que prescinden de llamadas y proponen utilizar aplicaciones de mensajería. La eSIM convencional de Movistar sí puede asociarse a una línea de prepago, pero debe solicitarse en una tienda y sigue funcionando como una línea móvil ordinaria con las condiciones habituales del operador.
La interpretación jurídica parece apoyarse en que la disposición adicional de la Ley 25/2007 se refiere expresamente a operadores que comercializan “servicios de telefonía móvil” mediante tarjetas prepago. Una conexión de datos sin numeración telefónica puede presentarse comercialmente como un servicio distinto, aunque utilice la misma red 4G o 5G y una eSIM técnicamente identificable.
Esto no significa que la tarjeta carezca de identificadores. Para autenticarse en una red móvil, cualquier perfil eSIM necesita credenciales técnicas y un IMSI. El operador también puede registrar cuándo se conecta, desde qué antena, qué dirección IP recibe y cuánto tráfico consume. La ausencia de un número público elimina las llamadas y SMS, pero no convierte la conexión en invisible.
Tampoco tiene por qué ser anónima la compra. Si se paga con una tarjeta bancaria personal, se utiliza una cuenta de correo habitual o se realiza la contratación desde una conexión asociada al domicilio, pueden existir elementos suficientes para reconstruir la identidad en una investigación. La palabra “anónima” resulta por eso atractiva como titular, pero técnicamente es más exacto hablar de una eSIM sin verificación documental previa.
El grado real de anonimato dependerá del método de pago aceptado, de los datos solicitados durante el alta, de los registros conservados por el operador y de la colaboración entre las empresas implicadas. No es lo mismo evitar una fotografía del DNI que no dejar ningún rastro.
Una ley creada para llamadas en una época dominada por los datos
Cuando se aprobó la norma, un teléfono móvil servía principalmente para llamar y enviar SMS. El iPhone original ni siquiera había llegado todavía a España y el tráfico de datos representaba una parte pequeña del uso cotidiano.
En 2026 la situación es la contraria. Una conexión sin número permite mantener videollamadas, enviar mensajes cifrados, utilizar redes sociales, comprar, contratar servicios, acceder a la banca o controlar dispositivos remotos. Para muchos usuarios, las llamadas convencionales son ya una función secundaria.
Esta evolución explica el vacío que aprovechan las nuevas tarifas. La ley identifica la tarjeta prepago con un servicio telefónico y presta especial atención a los números que intervienen en una comunicación. Sin embargo, una aplicación puede realizar una llamada de voz o enviar un mensaje sin utilizar la red telefónica tradicional. Todo circula como paquetes de datos.
La consecuencia no es que las operadoras hayan encontrado necesariamente una forma ilegal de vender líneas sin registrar. El problema está en que la norma no fue diseñada para este mercado. Vodafone y Telefónica parecen haber construido productos que permanecen dentro de su interpretación literal, pero que producen un resultado muy parecido al que la regulación quería evitar: acceso móvil inmediato sin comprobar previamente un documento oficial.
Las eSIM de viaje llevan años funcionando con modelos similares en numerosos países. Su objetivo habitual es facilitar que un turista pueda conectarse nada más aterrizar, sin visitar una tienda ni contratar una línea local completa. El auge de proveedores internacionales ha convertido estas conexiones en un producto corriente, por lo que las grandes operadoras españolas compiten ahora en un mercado donde la verificación documental estricta puede convertirse en una desventaja comercial.
Privacidad para unos, preocupación policial para otros
Las eSIM sin verificación pueden resultar útiles para turistas, dispositivos secundarios, tabletas, ordenadores y usuarios que no necesitan llamadas. También reducen la cantidad de documentos personales que una empresa debe recopilar y almacenar, algo relevante en una época de filtraciones continuas.
Entregar una fotografía del DNI y un vídeo del rostro a cada operador supone crear nuevas copias de información sensible. Quien solo quiere disponer de conexión durante una semana puede considerar desproporcionado completar un proceso biométrico. Desde esa perspectiva, una modalidad de datos contratada con menos información mejora la privacidad y reduce el daño potencial de una brecha.
La preocupación aparece cuando la conexión se utiliza para cometer fraudes, distribuir malware, acosar o controlar sistemas remotos. La ausencia de una identidad verificada puede complicar la atribución inicial, aunque no la haga imposible. Las fuerzas de seguridad todavía pueden trabajar con direcciones IP, antenas, horarios, terminales, pagos y cuentas utilizadas en los servicios digitales.
También conviene evitar conclusiones exageradas. Un delincuente que quiera ocultarse ya dispone de redes wifi públicas, tarjetas extranjeras, VPN, dispositivos robados o identidades falsas. Exigir un DNI durante el alta puede elevar la dificultad, pero no garantiza que quien figura en el registro sea la persona que utiliza realmente la línea.
El regreso de estas eSIM plantea una pregunta más amplia: qué debe identificar la legislación, una tarjeta, un número de teléfono, una conexión a internet o a la persona que utiliza el servicio. Cualquier actualización tendrá que equilibrar la investigación de delitos con la privacidad, la protección de documentos y la realidad de un mercado global en el que una eSIM puede comprarse desde otro país en cuestión de minutos.
El debate no debería resolverse calificando automáticamente estas líneas como una amenaza ni presentándolas como anonimato absoluto. Son conexiones móviles sin verificación documental reforzada, pero sujetas a una infraestructura que deja numerosos registros técnicos.
La verdadera noticia es que una ley pensada para el móvil de 2007 ya no describe correctamente lo que puede hacer un teléfono en 2026. Mientras el legislador continúa hablando de llamadas y tarjetas, los usuarios se comunican mediante aplicaciones y las operadoras venden acceso a internet separado de la numeración tradicional.
Preguntas frecuentes
¿Estas eSIM son completamente anónimas?
No necesariamente. Aunque no se solicite una fotografía del DNI, pueden quedar registrados el correo electrónico, el pago, la dirección IP, el dispositivo, el IMSI y las antenas utilizadas.
¿Permiten realizar llamadas normales o enviar SMS?
Las modalidades señaladas funcionan solo con datos. Las llamadas y mensajes deben realizarse mediante aplicaciones de internet.
¿Es ilegal venderlas sin verificar el DNI?
No se ha acreditado que las ofertas sean ilegales. Las operadoras parecen apoyarse en que se trata de servicios exclusivamente de datos y no de telefonía prepago tradicional. La interpretación podría ser revisada por reguladores o tribunales.
¿Puede la Policía identificar a quien utiliza una de estas eSIM?
Puede resultar más difícil que con una línea registrada a nombre de una persona, pero no imposible. Los registros de red, pagos, dispositivos y servicios utilizados pueden aportar pistas.
Fuente: bandaancha.eu
