Starlink recibe el OK para ampliar su constelación Gen2 y empuja la “5G desde el espacio” (con matices)

Starlink acaba de dar un paso regulatorio importante en Estados Unidos que, sobre el papel, acerca la promesa de llevar conectividad “tipo móvil” a lugares donde hoy no hay cobertura terrestre. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha autorizado a SpaceX a operar hasta 15.000 satélites de segunda generación (Gen2), al habilitar el despliegue de 7.500 unidades adicionales —una ampliación que la compañía quiere aprovechar para reforzar tanto su internet satelital como su hoja de ruta “direct-to-cell”, es decir, la conexión directa desde satélite a teléfonos convencionales.

La noticia es relevante por dos motivos. Primero, porque la escala importa: sin una constelación enorme es imposible sostener servicios masivos con latencias razonables y cobertura persistente. Y segundo, porque la conectividad directa al móvil (aunque hoy sea principalmente mensajería y servicios básicos) cambia el tablero competitivo: Starlink deja de ser solo “internet en zonas remotas” para intentar convertirse en una capa complementaria a las redes 4G/5G de los operadores.

Qué ha aprobado la FCC y por qué importa

La autorización de la FCC permite a SpaceX ampliar de forma sustancial el número de satélites Gen2 en operación. No se trata únicamente de “más satélites”, sino de un respaldo institucional al plan de crecimiento que necesita Starlink para sostener servicios de nueva generación. Además, el regulador estadounidense ha vinculado este tipo de despliegues a marcos específicos para extender cobertura móvil “desde el espacio” sin degradar redes terrestres, un punto clave porque aquí el enemigo no es solo la física: también lo son las interferencias y el choque de intereses con telcos y otros actores del sector.

En paralelo, Starlink lleva tiempo moviendo piezas para que su constelación sea más útil en escenarios de conectividad directa al teléfono. En el ecosistema estadounidense, la colaboración más conocida es la de T-Mobile y Starlink para ofrecer cobertura suplementaria en “zonas muertas”, con el foco inicial puesto en mensajería y comunicaciones de emergencia. La propia industria ha presentado esta aproximación como un complemento, no como sustituto de la red móvil tradicional.

“5G global” no significa lo mismo que 5G terrestre

Aquí conviene bajar el hype a tierra. Cuando se habla de “5G desde satélite”, muchas veces se mezcla marketing con realidad técnica:

  • Latencia: una red móvil urbana puede moverse en rangos muy bajos; una red LEO es más rápida que los satélites geoestacionarios, pero sigue jugando con otra física. Starlink lleva años defendiendo mejoras de latencia gracias a la arquitectura de su constelación y a su evolución tecnológica, pero sigue siendo un servicio distinto al de una macro-red móvil terrestre.
  • Capacidad y uso: el objetivo práctico, al menos en la fase actual, es cobertura básica cuando no hay torres cerca (mensajes, alertas, determinados servicios de emergencia). La idea de “datos como en 5G” para todos, en cualquier sitio, es otra liga: exige espectro, potencia, coordinación regulatoria y, sobre todo, una densidad de satélites y backhaul que todavía está en construcción.
  • Dependencia del espectro y socios: en muchos países, para operar “direct-to-cell” necesitas acuerdos con operadores y permisos de uso de bandas. Sin eso, el servicio no despega, por mucha constelación que tengas.

En otras palabras: sí, es un paso hacia una conectividad móvil más ubicua, pero no es “Starlink reemplaza a tu operador” (todavía) y, probablemente, tampoco será el objetivo principal. El escenario más realista es un modelo híbrido: 5G terrestre para el día a día y satélite como red de respaldo y extensión.

El factor “cobertura” y la lógica del negocio

En Estados Unidos se calcula que hay enormes áreas donde no compensa desplegar torres por orografía, permisos o coste. En ese contexto, la cobertura suplementaria desde el espacio se vende como solución pragmática: cuando la red no llega, el satélite entra como red de continuidad mínima. Reuters citaba el orden de magnitud del problema en cientos de miles de millas cuadradas sin cobertura (aprox. 1.295.000 km²).

A partir de ahí, el crecimiento de la constelación Gen2 es casi un requisito. Sin masa crítica de satélites, no hay continuidad de servicio, ni capacidad suficiente, ni margen para escalar a funciones más ambiciosas (voz, datos básicos más estables, servicios empresariales).

El gran freno: regulación, interferencias y expectativas

Este salto también intensifica el choque con la regulación y con competidores. En el mundo “direct-to-cell” el debate sobre interferencias no es un detalle técnico: es una batalla política y económica. La FCC ya ha tenido que arbitrar entre la ambición de ampliar cobertura y las objeciones de operadores que temen degradaciones o conflictos de espectro, autorizando avances con condiciones y salvaguardas.

Y fuera de EE. UU. el camino puede ser más lento. Europa (y cada país) tiene su propia arquitectura regulatoria, requisitos de espectro y tensiones geopolíticas. El despliegue global no depende solo de lanzar satélites: depende de conseguir permisos, socios y encaje legal.

Qué cambia desde hoy

  • Más músculo para Starlink Gen2: la ampliación aprobada sostiene la estrategia de crecer en capacidad y servicios.
  • Impulso al “direct-to-cell”: más satélites, más continuidad potencial y mejores condiciones para pasar de pruebas y fases tempranas a servicios más consistentes.
  • Más presión a los operadores: no para “morir”, pero sí para acelerar acuerdos, planes de cobertura y estrategias de red híbrida.
  • Más debate público: sobre interferencias, soberanía tecnológica, control regulatorio y sostenibilidad orbital.

La conclusión es clara: Starlink está más cerca de convertir la conectividad satelital en una capa cotidiana de las comunicaciones, también en el terreno móvil. Pero la “5G global” que se vende en titulares es, por ahora, una promesa en construcción: potente, sí, pero llena de matices técnicos, regulatorios y comerciales.


Preguntas frecuentes

¿Qué es Starlink Direct-to-Cell y qué ofrece hoy realmente?
Es un enfoque para conectar satélites con móviles “normales” en zonas sin cobertura. La fase inicial se centra en mensajería básica y casos de emergencia, con una evolución gradual hacia servicios más completos.

¿Sustituirá Starlink a la 5G de los operadores tradicionales?
Lo más probable es que actúe como complemento: cobertura donde no llega la red terrestre y continuidad mínima cuando falla la infraestructura, no como reemplazo total de la red móvil urbana.

¿Cuándo podría llegar un servicio parecido a España o a otros países de Europa?
Dependerá de acuerdos con operadores, licencias de espectro y aprobaciones regulatorias país por país. No hay una fecha única “global”.

¿Aumentar satélites no empeora el problema de la basura espacial?
Es una de las grandes preocupaciones del sector. Reguladores como la FCC suelen imponer condiciones de operación y mitigación, y el debate sobre sostenibilidad orbital seguirá creciendo a medida que aumentan las constelaciones.

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