BYD supera a Tesla en 2025 y convierte en realidad la broma de Musk de hace 15 años

En tecnología, el tiempo tiene una forma peculiar de devolver las frases. En 2011, en plena fase de crecimiento de Tesla, Elon Musk se permitió el lujo de reírse de BYD: dijo que no la veía como rival, cuestionó la calidad de sus coches y dejó caer, con tono burlón, que la compañía debía centrarse en “no morir” en China. Quince años después, el fabricante chino responde sin necesidad de declaraciones: en 2025 ha vendido más coches eléctricos puros que Tesla y se ha colocado en cabeza del ranking mundial en ese segmento.

Según los datos comunicados por BYD a sus inversores, la empresa cerró 2025 con 2.256.714 turismos 100 % eléctricos (BEV) vendidos. Tesla, por su parte, terminó el año con 1.636.129 entregas. La diferencia ronda los 620.000 vehículos, una brecha suficiente como para que el “sorpasso” no se pueda atribuir a un trimestre excepcional o a un ajuste puntual: es una señal de cambio de ciclo.

Un cambio de líder que retrata la madurez del mercado

Durante años, Tesla ha sido el nombre más asociado al coche eléctrico moderno. Su impacto ha ido más allá de la automoción: convirtió la movilidad eléctrica en un fenómeno cultural, presionó a la industria tradicional a reaccionar y aceleró la inversión en baterías, carga y software.

Pero cuando un mercado madura, deja de moverse solo por narrativa. En la fase de adopción masiva, el comprador medio se fija menos en el “aura” de la marca y más en cuestiones prácticas: precio final, financiación, autonomía real, red de servicio, disponibilidad, garantía, consumo, equipamiento y coste de mantenimiento. Ahí es donde BYD ha encontrado su terreno.

El éxito de BYD no se explica únicamente por vender más. También es el reflejo de una estrategia industrial y comercial diseñada para escalar: ampliar catálogo, atacar segmentos distintos, competir con precios ajustados y mantener un ritmo de producción constante. En un contexto de inflación, tipos de interés más altos y un consumidor más sensible al presupuesto, esa receta se convierte en un multiplicador.

¿Qué ha hecho BYD mejor para llegar hasta aquí?

Sin necesidad de recurrir a eslóganes, hay tres factores que ayudan a entender por qué la compañía china ha tomado ventaja:

1) Escala y variedad
La batalla de volumen se gana cuando una marca no depende de un único “superventas”. BYD ha construido una oferta más amplia, con modelos orientados a públicos distintos. Eso reduce el riesgo de que un solo producto se quede atrás por moda, competencia o cambios regulatorios.

2) Relación calidad-precio
En 2025, el coche eléctrico ya no es solo una compra aspiracional: es una decisión racional. Y una decisión racional premia el valor. BYD ha sabido convertir el eléctrico en algo más accesible para un público amplio, sin obligar a entrar en categorías de precio donde la demanda es más frágil.

3) Ejecución industrial
La innovación importa, sí. Pero la automoción es una industria donde “fabricar bien y a tiempo” puede ser la diferencia entre liderar o retroceder. La capacidad de producción, el control de la cadena de suministro y la velocidad para lanzar o ajustar modelos son armas decisivas.

Tesla, ante un año de caída y un reto de percepción

Para Tesla, el dato de 2025 llega en un momento delicado: el mercado eléctrico se ha vuelto más competitivo, con marcas nuevas y tradicionales empujando desde varios frentes. Además, la compañía ha vivido un periodo de desgaste de imagen por la hiperexposición mediática de su CEO y por decisiones de producto que polarizan al público.

Esto no significa que Tesla esté “fuera” de la carrera. Sigue siendo un actor central, con una base enorme de usuarios, capacidad de innovación y una marca global fuerte. Pero el liderazgo ya no parece garantizado. En un mercado más poblado, con más opciones a la misma distancia de precio, cada caída en ventas deja de ser un bache para convertirse en una advertencia.

La lección de 2011: subestimar sale caro

La parte llamativa de esta historia es el contraste. Musk se rió cuando BYD era fácil de ridiculizar desde el prisma occidental: una marca china que, entonces, no tenía el peso global de hoy. El giro de 2025 recuerda una realidad incómoda para muchos sectores: China ya no compite solo por copia o coste; compite por escala, velocidad y producto.

Y eso no afecta únicamente al coche eléctrico. Es un patrón que se repite en baterías, electrónica, energía renovable y cadenas de suministro industriales. La pregunta que queda en el aire no es solo “cómo ha adelantado BYD a Tesla”, sino “quién será el siguiente en quedarse atrás por confiar demasiado en su ventaja histórica”.

Qué puede pasar a partir de aquí

Si 2025 marca el punto simbólico del cambio de liderazgo, 2026 y 2027 serán la prueba real de resistencia. Tesla tendrá que demostrar que puede recuperar tracción sin depender de recortes agresivos de precios ni de golpes de efecto. BYD, por su parte, deberá sostener el ritmo, gestionar su expansión internacional y proteger su reputación en mercados donde el consumidor es más exigente con la red de servicio y la experiencia posventa.

Lo que sí parece claro es que el coche eléctrico ha entrado en una nueva etapa: menos mito, más industria. Y en esa etapa, las risas de 2011 suenan hoy como un recordatorio de manual.


Preguntas frecuentes

¿BYD ha superado realmente a Tesla en coches eléctricos en 2025?
Sí, en eléctricos puros (100 % eléctricos). En el balance anual de 2025, BYD queda por delante en volumen de ventas frente a Tesla.

¿Qué diferencia hay entre “eléctrico puro” e “híbrido enchufable”?
El eléctrico puro funciona solo con batería y motor eléctrico. El híbrido enchufable combina batería recargable con un motor de combustión, y puede circular en modo eléctrico una parte del tiempo.

¿Por qué Tesla pierde liderazgo si sigue siendo tan conocida?
Porque el mercado ha madurado: la compra depende más de precio, disponibilidad, catálogo y costes que de notoriedad. Además, hay más competidores fuertes que antes.

¿Significa esto que Tesla está en problemas?
No necesariamente, pero sí indica que ya no juega sola. Mantener el liderazgo exigirá mejorar producto, ritmo comercial y percepción de marca en un entorno mucho más competitivo.

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